Dujovne de Lagarde, y la maduración de Schiaretti
martes, 16 de abril de 2019
Elecciones 2019 Alternativa Federal luce como una gran oportunidad pero en peligro de quedar sin concreción. ¿Podría un Juan Schiaretti destrabarla de ese freno que aparece en las encuestas de opinión pública? Mientras se busca una respuesta, hay que considerar hasta dónde Mauricio Macri sostendrá inamovible el programa en ejecución con el Fondo Monetario Internacional. El ajuste que hasta ahora no consigue éxito tiene dos fusibles: Nicolás Dujovne y Christine Lagarde. Acerca de ellos trata esta columna: Luis Alejandro Rizzi * “¡Se ha formado otra pareja!!!”, solía decir el recordado Roberto Galán, con emoción y su mejor sonrisa, cuando en su programa de televisión ocurría esa coincidencia entre los participantes de “Yo me quiero casar y ¿usted...?”, en la pantalla de Teleonce, de Héctor Ricardo García. Bien se puede repetir esa frase viendo la estrecha relación “profesional” que se ha constituido entre los economistas Christine Lagarde y Nicolás Dujovne; y el celo que ponen ambos para destacar las bonanzas de la dote aportada por el FMI en esta suerte de matrimonio financiero de conveniencia pactado entre el organismo multilateral y el gobierno nacional. Emociona la fidelidad de Nicolas, tal como supongo lo llamará la Sra. Lagarde (el ex jefe de Lagarde en Francia también se llamaba Nicolas pero Sarkozy, luego acusado de corrupción), con el cumplimiento del contrato nupcial suscripto que, además, se ajusta a lo dispuesto por el art. 446 del nuevo Código Civil y Comercial, que tiene por objeto, la ponderación de la situación fiscal de la Argentina, la enunciación de todas las (sus) deudas y el régimen patrimonial aplicable para facilitar los pagos. A su vez Christine pondera los resultados de ese convenio y los beneficios que le reportará a las partes en el futuro. Los halagos mutuos, sin embargo, no logran conmover a una sociedad argentina escéptica, y hasta parecería resignada a la dura tarea diaria de sobrevivir. Pero tampoco han logrado conmover a los inversores potenciales que, por cierto, descreen que la pareja “Christine-Nicolás” tenga futuro. Dicen con ironía “los une el espanto” (y el glamour del mundo financiero). Es obvio que es una relación de intereses, no de amor, tal como podría haber supuesto algún mal pensado y según dan cuenta diversos medios periodísticos. Al bueno de Nicolás sólo le interesa cumplir con el pacto nupcial. Lo puso de manifiesto en sus divergencias con el ministro Dante Sica e incluso con la gobernadora Maria Eugenia Vidal, por ahora convertida en la “oveja” de Macri, porque hasta ahora estaría yendo al sacrificio. Es más, tal como ocurre en los matrimonios por conveniencia, Nicolás vendría a ser el representante del FMI en el gobierno, asumiendo de hecho un rol de ministro de Economía que debe controlar todas las variables para garantizar los beneficios del convenio o “carta de intención” -nombre técnico-, para encubrir tan dulce relación y que los bienes propios del FMI se encuentren a buen resguardo. Pero, según suele ocurrir, estos mutuos elogios financieros, orgasmos en el lenguaje de la sexualidad, se advierte que son totalmente simulados para convencer al electorado que el gobierno y la pareja, “están haciendo lo que se debe hacer”. O, por lo menos, que lo intentan, aunque que lo hagan bien y les provoque placer, es otra historia. Dice Claudio Jacquelin en el diario “La Nacion” que el gobierno “…acaba de asumir que puede perder las elecciones. Pero, sobre todo, que puede perderlas porque cada día que se deteriora la economía se reduce el peso del pasado como factor de rechazo a la oposición y de adhesión al oficialismo”, de donde la convención nupcial preanuncia un próximo divorcio que a Nicolás lo podría poner en la soledad de la calle y a Christine sin la posibilidad de gobernar a la gloriosa “La France”. No podemos negarlo, Nicolás y Christine viven su momento de gloria y la pretenden compartir con nosotros y en especial con la pobreza del conurbano, tal como muestra de su generosidad y sensibilidad, lo que irritaría a la Vidal, condenada al celibato electoral, por tanta levedad. Alguien que sabía, dijo hace cientos de años “Que el camino al infierno está sembrado por las mejores intenciones…”. De todos modos y más allá de este romance financiero, veamos qué pasa en el mercado electoral. Personalmente vengo observando el comportamiento prudente y muy inteligente de Juan Schiaretti, actual gobernador de Córdoba, quien parecería que con paciencia y obsesión oriental estaría madurando una posible sorpresa política, siempre que su salud lo acompañe. Schiaretti se ha dado cuenta que Cristina se estaría convirtiendo en una suerte de agujero negro del peronismo. Para desasnarme, leí en una nota explicativa sobre el fenómeno astronómico que, según la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, la fuerza de la gravedad deforma el espacio-tiempo alrededor de los objetos, creando un pozo de gravedad, hacia el cual son atraídos otros objetos cercanos a él. La profundidad de este pozo depende de la densidad de los objetos que lo forman. Es tal la fuerza de su gravitación que le impide a la luz viajar a través del espacio, la atrapa y la sepulta. Se me ocurrió que esto del “agujero negro” es lo que mejor ilustra el drama de los peronismos frente a Cristina y su capital político; ese agujero negro, es como el canto de las sirenas de la Odisea, atrae a todos. Los que caen en su ámbito son sepultados, por eso muchos de ellos se hacen atar a los mástiles de la nave para no sucumbir a su 30% de capital político, necesario para competir, pero a su vez una carga riesgosa para ganar. Schiaretti se diferencia mediante su estilo prudente, seguro, hasta cansino, avalado por su buena gestión en la Provincia de Córdoba y por su experiencia pasada en el gobierno nacional en la década de los '90, con su convertibilidad, de la que en algún momento habrá que hacer su revisionismo; tal como la del anterior Plan Austral. Si bien esos programas fracasaron, no fue por su excelente calidad, sino por falencias de la política y de los respectivos gobiernos. Schiaretti se ha convertido en un punto de referencia inocultable de la política, incluso, con el beneplácito del oficialismo, que lo podría ver como la más razonable continuidad de lo que pretendió ser esa frustración que se llamó “Cambiemos”. Schiaretti, diría, podría protagonizar la verdadera transición del populismo hacia un sistema más racional e idóneo de gobierno. Por otra parte, podría ser el candidato de unidad de los diversos peronismos e incluso construir una alianza de gobierno con representantes de quienes se denominan trabajadores de la economía popular y de los segmentos más pobres de la población que conforman uno de cada tres argentinos como mínimo. Por último, Schiaretti podría ser una alternativa válida para evitar caer en el fatalismo “Macri - Cristina - Macri” que rechazamos más del 55% de los votantes. Otra oportunidad que nos presenta la casualidad para salir de lo que ya parece ser una sempiterna decadencia. No me gusta la expresión, pero Juan Schiaretti quizás sea el candidato natural. * Abogado especializado en Derecho Comercio, con experiencia en la gestión del aerocomercio.