Los impuestos, el sistema de esclavitud del siglo XXI
miércoles, 13 de marzo de 2019
La presión impositiva priva a la gente de tener capacidad de ahorro y a los empresarios de generar inversiones Los municipios acaparan 82 de los 163 tributos en el país. Sin embargo, el Estado nacional es el que más recauda. Ya hace varias décadas que la Argentina no detiene su decadencia general. No solo en el plano económico (el cuál es el más notorio) sino también en el plano social, institucional y cultural. Manuel Adorni * Una de las grandes causas de nuestra actual situación (que solo por hacer referencia a los últimos 8 años podemos decir que es de estancamiento absoluto medido de punta a punta) es la presión impositiva brutal que priva a la gente de tener capacidad de ahorro y a los empresarios de generar inversiones. Ambas cosas darían por resultado empleos con mejores salarios, crecimiento, enriquecimiento y con ello, una mejor calidad de vida para todos los argentinos. La presión impositiva se ha convertido en el sistema de esclavitud más perfecto: nos esclavizan y a veces, no nos damos cuenta. Cuando nací allá por principios de los años 80, la presión impositiva era del 16% del PBI y la pobreza rondaba el 5%. Al cumplir mis primeros 10 años a comienzos de los años 90, la presión impositiva ya no era del 16%, sino que ya alcanzaba el 20% del PBI, el Estado había crecido un 25% y las ayudas sociales representaban una cantidad cercana a las 500.000. El aumento del Estado en estos años no había dado muestras de tener relación con una mejora en la calidad de vida de la gente, sino al menos hasta aquí, prácticamente el resultado fue lo opuesto: en esos años la inflación se disparaba y la pobreza mostraba franco aumento. Se comenzaban a gestar nuevos impuestos: en 1991 se legisla el Impuesto a los Bienes Personales, impuesto éste que por suerte se promulgó temporalmente por un término de 9 años. Cuando cumplí 20 años, comenzando la década del año 2000 y ya con el horizonte puesto en la crisis que vendría, de a poco la presión tributaria se fue incrementando a hasta el 24% del PBI allá por el año 2005. El Estado crecía un 20% en relación a la década anterior y ya llevaba un crecimiento acumulado de un 50% desde los comienzos de la democracia. El impuesto a los movimientos bancarios y las retenciones a las exportaciones (ambos impuestos nefastos y grandes destructores de riqueza) eran las novedades de la década. La pobreza se mantuvo en un promedio al 29% y los planes sociales ya superaban los 3 millones. Un día llegaron mis 30 años y la presión tributaria ya oscilaba el 30% del PBI. El Estado había crecido un 30% más y ya había duplicado de tamaño desde mi nacimiento. Los planes sociales ya alcanzaban los 10 millones, la pobreza nunca descendió de los niveles del 30% y la presión tributaria volvía a dar muestras de estancamiento económico el cual había llegado para quedarse: esta meseta daría el presente al por la próxima década. Hoy, casi llegando a los 40 (aunque aún falte un poco) la presión tributaria roza el 33%. Por cada 100 pesos que ingresan a una pyme, 46 se van en impuestos y son los otros 54 aún se deben hacer frente a los servicios, insumos, salarios y demás cuestiones necesarias para operar. Por cada 100 pesos que gana una empresa, ha pagado 106 de impuestos. Por cada 12 meses del año que un asalariado trabaja, 7 los cede (involuntariamente) para el pago de impuestos. En 40 años lo único que vi es una presión tributaria siempre en aumento, un Estado que crece sin freno, la pobreza cerca del 35% y la economía per cápita que se derrumba desde hace al menos 8 años. El Estado nos ha empobrecido, nos ha quitado las posibilidades de ser un país mejor. Y no solo son cuestiones numéricas: cuando mayor es la presión tributaria, menores son nuestras libertades. Nuestra presión tributaria es digna de países que son al menos 5 veces más ricos que nosotros, aunque nuestro Estado nos da servicios infinitamente más ineficientes, insuficientes e inútiles que aquellos. Tenemos 163 impuestos, miles de regulaciones y una burocracia que nos devora todos los días. Señores empresarios, ustedes son los únicos que pueden generar riqueza y los primeros que deben acompañar los pedidos de auxilio a los políticos para que bajen los impuestos. Señores contribuyentes, sean conscientes de lo que son y de lo que pueden llegar a ser con un Estado distinto. Señores políticos, sean razonables y bajen el gasto público. Queremos ser más libres. * Analista económico - Docente Universitario