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Integración productiva entre la Argentina y el Brasil PDF Imprimir E-Mail
viernes, 20 de julio de 2018

Un análisis basado en metodologías de insumo-producto inter-país

Este documento analiza la integración productiva entre la Argentina y el Brasil mediante la información provista por las matrices insumo-producto inter-país (ICIO, por sus siglas en inglés) de la OCDE. Al discriminar los intercambios de bienes y servicios intermedios de los finales, este tipo de matrices permite identificar las articulaciones productivas entre dos países con mayor precisión que a partir de las estadísticas de comercio exterior tradicionales. En este caso, el uso de matrices insumo-producto inter-país ha permitido identificar, entre otros aspectos relevantes de la relación bilateral, cuál es el patrón de especialización vertical generado entre la Argentina y el Brasil, cómo repercute el aumento de la producción y de las exportaciones de una economía en la otra (efectos multiplicadores), y cómo se manifiesta el avance de las economías asiáticas en la composición del comercio entre los dos países.

Autores: Anahí Amar (CEPAL) y Fernando García Díaz (CEU-UIA)







Resumen ejecutivo

Este documento analiza la integración productiva entre la Argentina y el Brasil mediante la información provista por las matrices insumo-producto inter-país (ICIO, por sus siglas en inglés) de la OCDE. Al discriminar los intercambios de bienes y servicios intermedios de los finales, este tipo de matrices permite identificar las articulaciones productivas entre dos países con mayor precisión que a partir de las estadísticas de comercio exterior tradicionales. En este caso, el uso de matrices insumo-producto interpaís ha permitido identificar, entre otros aspectos relevantes de la relación bilateral, cuál es el patrón de especialización vertical generado entre la Argentina y el Brasil, cómo repercute el aumento de la producción y de las exportaciones de una economía en la otra (efectos multiplicadores), y cómo se manifiesta el avance de las economías asiáticas en la composición del comercio entre los dos países.


El análisis comprende el período 1995-20111. A grandes rasgos, del trabajo se desprende que, desde la creación del Mercosur, la Argentina tendió a especializarse en la exportación de bienes finales y el Brasil como proveedor de bienes intermedios y que, en parte como consecuencia de ello, el efecto multiplicador asociado a las exportaciones bilaterales resulta mayor en el caso del Brasil que en el de la Argentina. Otro de los hallazgos del documento se refiere a la incidencia de los insumos de origen asiático en el patrón de especialización bilateral. La participación de insumos de origen asiático mostró un avance más significativo en la producción brasileña que en la argentina. En el Brasil, ese avance tendió a desplazar a las importaciones provenientes de la Argentina. En la Argentina, en cambio, el aumento de la importación de insumos asiáticos no desplazó a las importaciones brasileñas, que incluso se expandieron en el período considerado. A continuación, se analizan estas y otras derivaciones del estudio.


El período considerado se caracteriza por un aumento sostenido de la interdependencia de los procesos productivos entre países y regiones, que se manifiesta entre otras dimensiones en el crecimiento de la participación de los bienes y servicios intermedios en los intercambios mundiales. La Argentina y el Brasil acompañaron esa tendencia general, aunque con ciertos matices. Los flujos comerciales totales de estos dos países crecieron a un ritmo mayor que el comercio global (8,4% anual en Argentina y 10,5% en Brasil, frente al 7,8% mundial). En este marco, como se mencionó, la Argentina tendió a orientarse hacia una economía importadora de insumos intermedios, que pasaron de representar el 43% al 54% de sus importaciones, y el Brasil a posicionarse como proveedor de insumos intermedios, que pasaron de representar el 59 al 67% de sus exportaciones.

1 Lapso cubierto por las Tablas ICIO en su edición 2015


Como ocurrió a escala global, tanto en la Argentina como en el Brasil tendió a ganar participación el valor agregado extranjero en las exportaciones, que en el primer país pasó del 5,1% al 12% y en el segundo del 6,6% al 8,5%, una proporción relativamente baja en la comparación internacional, donde se ubica en promedio en 18,2%2. El intercambio bilateral entre la Argentina y el Brasil se intensificó en el período analizado. Las exportaciones de la Argentina hacia el Brasil crecieron al 8,1% anual y las de Brasil hacia la Argentina al 12,4% anual. En el año 2011 Brasil alcanzaba una participación del 22% como destino de las ventas externas de la Argentina, en tanto esta última representaba un 7% del mercado para las exportaciones brasileñas. Esta tendencia se manifiesta con igual o mayor intensidad en el rubro de las manufacturas, cuyo peso supera ampliamente al observado en las exportaciones totales de ambos países, y explican el 69,2% de las exportaciones argentinas que se dirigen al Brasil y 76,1% de las exportaciones brasileñas que se dirigen a la Argentina.


La mayor integración productiva bilateral se encuentra concentrada en un puñado de complejos productivos, que se describen más abajo, y presenta ciertas asimetrías que vale la pena destacar. En primer lugar, se observa una balanza comercial que se ha tornado crecientemente favorable al Brasil. Mientras en 1995 el saldo comercial bilateral era favorable para la Argentina en 1.850 millones de dólares, en 2011 fue favorable al Brasil en casi 3.700 millones de dólares3. En ese marco, la Argentina se ubica como superavitaria en el rubro de bienes y servicios finales, pero es fuertemente deficitaria en bienes y servicios intermedios y bienes de capital, en línea con los resultados encontrados a nivel general.


Otra diferencia se refiere al grado de dependencia recíproca de insumos extranjeros. Las exportaciones bilaterales de ambos países muestran una incorporación creciente de insumos extranjeros. En la Argentina pasaron de representar el 7% del valor exportado al 20% y en el Brasil del 9% al 15%. Pero dentro de los insumos extranjeros, los adquiridos por la Argentina del Brasil tienen un peso mayor del propio Brasil (un 30% del contenido extranjero de las exportaciones argentinas al Brasil es de origen brasileño) que los insumos de origen argentino incorporados en las exportaciones brasileras (sólo 3% del contenido extranjero de las exportaciones brasileras a la Argentina). En la industria automotriz, por ejemplo, las autopartes y componentes de origen brasileño representan casi 12% del valor total incorporado en los vehículos terminados en la Argentina que tienen como destino al Brasil, mientras que la relación inversa es inferior al 1%.


Por último, la producción del Brasil exportada a la Argentina que es reexportada a terceros países es mayor que la producción argentina exportada al Brasil que es reexportada a otros destinos (un 10,2% en el primer caso y un 5,5% en el segundo).4 Es decir, el Brasil exporta a terceros países a través de la Argentina en mayor medida que lo que lo hace la Argentina a través del Brasil, lo que resulta consistente con la especialización del Brasil en insumos intermedios y de capital.


El estudio de los eslabonamientos productivos en uno y otro país muestra que la Argentina tiende a especializarse en procesos productivos más cercanos a la demanda final, mientras que el Brasil se ubica en eslabones intermedios, sobre todo en las industrias manufactureras, donde la integración vertical entre ambas economías se manifiesta con mayor intensidad. La importancia para la economía argentina de los insumos, piezas y partes de origen brasileño no se circunscribe a la demanda del sector manufacturero (que en 2011 arrojó un déficit comercial de 2.900 millones de dólares)5, sino que se extiende al conjunto del tejido productivo. Por ejemplo, la construcción, un sector no transable, genera un déficit comercial de más de 1.000 millones de dólares para la economía argentina, explicado por la compra de materiales e insumos para la construcción, en buena medida al sector metalmecánico brasileño, mientras que el sector extractivo presenta un déficit de más de 800 millones de dólares y el de servicios uno de 400 millones de dólares. Como contrapartida el sector manufacturero brasileño presenta una posición superavitaria de aproximadamente 4.500 millones de dólares (siempre con datos de 2011) como consecuencia de sus ventas al conjunto de la economía argentina (no solo al sector manufacturero). Otro sector que también resulta superavitario para el Brasil es el extractivo (en más de 2.100 millones), a diferencia del agropecuario, el de servicios y el de la construcción, que generan déficits a la economía brasileña (en torno de los 1.300 millones los dos primeros y 280 millones el último) por sus demandas a diversos sectores productivos argentinos.


2 Este indicador no necesariamente coincide con el de contenido importado en las exportaciones. Este último puede incluir valor agregado nacional que atraviesa en más de una oportunidad las fronteras del país en cuestión.


3 Estimaciones sobre la base de las Tablas ICIO de la OCDE. La información puede no coincidir exactamente con las fuentes de origen aduanero.


4 Una reexportación tendría lugar, por ejemplo, cuando uno de los dos países importa una autoparte producida en el país socio, la incorpora en un vehículo terminado y es finalmente exportada hacia un tercer país. Las reexportaciones son, a menudo, utilizadas como indicador de integración productiva.


5 Calculado a partir de las ventas de manufacturas realizadas por la Argentina al Brasil y descontando las compras que el sector manufacturero argentino realiza al Brasil, independientemente del sector de origen.


Los complejos productivos en los que se identifica un mayor grado de integración vertical bilateral son el automotor, los sectores químico y plástico y el complejo metalmecánico en sentido amplio. El complejo automotor evidencia una relación de complementariedad productiva en el que la Argentina ha tendido a especializarse en las fases finales más que en las intermedias. Las actividades químicas y de caucho y plástico reflejan relaciones de competencia y complementariedad intrasectorial de manera simultánea, concentrada en el intercambio mutuo de bienes intermedios. Ello incluye la integración productiva aguas arriba con actividades extractivas, entre las que la producción hidrocarburífera juega un rol relevante para los sectores petroquímicos de ambos países. El complejo metalmecánico, por último, también cuenta con una primera instancia de integración con sectores proveedores de insumos clave (como el mineral de hierro brasileño demandado por parte de la siderurgia argentina) ubicados aguas arriba. En este complejo se observa un balance superavitario para el Brasil tanto en el tramo de bienes finales como en el de intermedios. Sin perjuicio de ello, el mercado brasileño resulta sumamente relevante para la producción metalmecánica argentina.


Los efectos multiplicadores, directos e indirectos, de las exportaciones de cada país son mayores en el caso del Brasil que en el de la Argentina, debido a que la producción del primero tiene un menor contenido extranjero. En el caso argentino, donde se observa en general un mayor peso de contenido extranjero en la producción (y las exportaciones), se destacan el sector automotor, la refinación de petróleo, la producción de químicos y plásticos, la de metales básicos y la metalmecánica, con una proporción que ronda o supera al 20%. El Brasil suele ser el principal origen de esa porción foránea, y su participación ha ido en general en ascenso. Para Brasil, las proporciones de contenido extranjero en ningún caso superan al 20% (siendo la más elevada la del sector automotor) y las explicadas por la Argentina nunca superan al 1%, en parte por una cuestión de escala, pero también por la relación asimétrica antes mencionada.


Los altos requerimientos de insumos extranjeros implican para la Argentina un menor ingreso de divisas neto por cada dólar exportado. Lo que redunda, además, en un menor efecto multiplicador sobre la actividad doméstica, ya que una parte relativamente mayor del impulso generado por las exportaciones bilaterales repercute indirectamente en el exterior, y en una proporción significativa en el Brasil.


La consolidación de Asia, y de China en particular, como proveedora global de manufacturas también se refleja en el intercambio bilateral. Este es otro de los hallazgos importantes del estudio. En la producción brasileña sobresale la incorporación de insumos provenientes de China y otros países asiáticos, desplazando a los de la Argentina y de otros orígenes, como los Estados Unidos y Europa. En la producción argentina no se manifiesta el mismo grado de avance asiático como fuente de la importación de bienes intermedios. Como se mencionó, en este caso la proporción de contenido brasileño no sólo no decreció, sino que aumentó fuertemente en el período considerado. En el caso particular de la producción manufacturera, el Brasil redujo en 2,2 puntos porcentuales el valor agregado local de su producción en el período analizado, de los que 0,44 se explican por el avance de China. La disminución de valor agregado local fue mayor en la Argentina, de 5,1 puntos porcentuales, de los que solo 0,5 se asocian con el avance del contenido chino y 1,3 al mayor valor agregado proveniente del Brasil.


El estudio aporta otros elementos habitualmente soslayados en el análisis del intercambio bilateral entre la Argentina y el Brasil. Entre ellos, que el déficit argentino de manufacturas es generado por el conjunto de la economía argentina y no, como suele presentarse, atribuible en su totalidad a las demandas del propio sector manufacturero. O bien, que el déficit bilateral argentino se reduce a la mitad cuando se lo mide en términos de valor agregado. Las matrices insumo-producto interpaís, al permitir computar el valor agregado y no el valor bruto de las exportaciones modifican la lectura de los saldos comerciales (aunque en general no alteran el signo del resultado). Un ejemplo de ello es el saldo favorable del sector agropecuario argentino, que es menor medido en términos de valor agregado que en términos de su valor bruto, en parte porque una porción de lo que la Argentina le exporta al Brasil contiene insumos que se originan en terceros países (fertilizantes, maquinarias, combustible, etc.), y en parte porque una proporción de lo que la Argentina le exporta al Brasil es transformada y reexportada por Brasil a terceros destinos. Otro tanto ocurre con el saldo favorable al Brasil en el intercambio manufacturero, que se reduce de 4.000 millones (en términos brutos) a 1.000 cuando se lo mide en términos de su valor agregado, y con el déficit total de la Argentina frente al Brasil, que pasa de los 3.660 millones de dólares (medido en términos brutos) a 1.900 en términos de valor agregado.


A modo de conclusión general, la relación bilateral entre la Argentina y el Brasil constituye, en los aspectos abordados, y más allá de las asimetrías mencionadas, un caso de complementariedad productiva virtuoso, en actividades de mayor complejidad tecnológica relativa, más centrada en el sector manufacturero que en las actividades de origen extractivo o agropecuario que priman en las exportaciones de la Argentina y el Brasil hacia terceros países. En la medida en que ello es consecuencia de la existencia del Mercosur, podría decirse en clave contra factual que el perfil productivo y de especialización de la Argentina y el Brasil sería menos diversificado de no haberse firmado el Tratado de Asunción. De todos modos, en tanto plataforma para el aprovechamiento de economías de escala y especialización en el marco de una agenda de diversificación productiva y escalamiento tecnológico, parecen ser más los desafíos por delante que los logros obtenidos hasta el momento. Las dificultades que se manifiestan en la integración bilateral dentro de cadenas de valor regionales o globales requieren del establecimiento de una agenda más coordinada y eficaz para, por un lado, ampliar el alcance del comercio del bloque al resto del mundo y, por otro, lograr que ello ocurra posicionando al bloque en segmentos ventajosos de las cadenas globales de valor. También requiere, como ha sostenido históricamente la CEPAL, que cada país posicione a las políticas industriales y tecnológicas como componente central de su política económica.

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