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El amor en tiempos de capitalismo PDF Imprimir E-Mail
jueves, 15 de febrero de 2018

De amor y dinero

Sin importar si estas empezando una nueva relación, conviviendo, con planes de casamiento o habiendo conformado una familia hace años, ser compatibles en la forma de administrar las finanzas es un aspecto fundamental para acompañarnos sanamente en los proyectos conjuntos.

Sabrina Guerrini *





A continuación, vamos a ver 8 a tener en cuenta al momento de compartir cuentas:


1- Trabajar como equipo

Es un gran riesgo que sólo un miembro de la pareja tome todas las decisiones referentes a dinero. Tómense el tiempo para revisar sus finanzas de forma semanal, quincenal o mensual como un equipo. Una buena estrategia es comenzar a planificar juntos el presupuesto para algo placentero, como por ejemplo un pequeño viaje.


Hay un viejo proverbio que dice: si quieres ir rápido, ve solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado. Obviamente lleva más tiempo cuando las decisiones son compartidas y negociadas, sobre todo porque cada miembro proviene de diferentes entornos, aprendizajes y experiencias en relación al dinero. Además, es un tema sensible y tabú que cuesta abordar con naturalidad. Pero si logran sortear esta dificultad, ponerse metas financieras en común es sin duda una forma de llegar más lejos y solidificar también el vínculo.


2- Organizarse

El caos alrededor de las finanzas compartidas definitivamente puede generar grandes discusiones, por eso la organización es la clave. Dialogar sobre sus objetivos individuales y compartidos, el patrimonio particular y conjunto, el flujo de ingresos y gastos que poseen, los valores y prioridades es imprescindible para saber dónde están parados.


Crear un sistema que les sea práctico para el seguimiento de su presupuesto de gastos y ahorros es un buen ejercicio para favorecer la transparencia y acceso a la información de ambas partes. Puede ser un excel, un cuaderno, o recurrir a programas y aplicaciones online.


3- Dividir tareas, no decisiones

 

Sin importar cuál sea el caso y cómo se dividen las responsabilidades, ambos deben conocer, acordar y revisar conjuntamente todo.


Suele suceder que un miembro se ocupa de las decisiones “grandes” (ahorro, inversiones o compra de bienes de alto valor) y otro de la economía diaria (compra de alimentos, salidas, ropa, elementos y servicios del hogar). En estos casos hay que tener cuidado porque el completo desconocimiento de la mala decisión de uno puede afectar el futuro de ambos. Sin importar cómo se dividen las responsabilidades, deben conocer, acordar y revisar conjuntamente todo.


Hablar de dinero

Es poner al descubierto la distribución de los tiempos, los espacios, las oportunidades y las responsabilidades respecto de un proyecto conjunto.

4- Elegir y conocer a los profesionales referentes

Ya sea para comprar un auto, un inmueble, comenzar a ahorrar o elegir la educación de los hijos, siempre consultamos a alguien que sabe más del tema, un conocido, referente, un asesor profesional o un vendedor. Asistan juntos a las consultas o charlas sobre estos temas. Siempre los enfoques y cuestionamientos que pueden surgir de cada uno aportarán algo al bien común.


5- Compartir su historia económica familiar

Cuando uno escucha la historia de una persona y el entorno en el cual creció y aprendió respecto al dinero, puede comprender su forma de pensar y actuar con sus finanzas actualmente. Por ejemplo, si tu pareja se crió en un hogar en el que siempre se sufrió la falta de dinero, es probable que viva con una sensación de temor a los gastos y a asumir nuevos riesgos. O si creció en un entorno donde el dinero era utilizado como una herramienta de poder y dominación, quizás le sea difícil dejar de perseguir la ambición de tener siempre más para poder sentirse seguro y fuerte.


Tu historia, mi historia

Compartir y analizar estas experiencias definitivamente ayudan a crear empatía y trabajar juntos para mejorar sus habilidades, no sólo en el manejo del dinero sino también de sus emociones.



6- Asumir (y mejorar) los puntos débiles

 

Comprar por ansiedad, asumir deudas sin pensar demasiado, tomar decisiones apresuradas, ser demasiado confiado o demasiado inseguro, dificultad para analizar ciertos temas, falta de compromiso para ahorrar o invertir, etc. Son muchísimas las debilidades que una persona puede tener en cuanto a sus finanzas personales y que a su vez pueden traer problemas a la pareja. Hagan una lista de sus puntos débiles y errores cometidos en el pasado y hablen al respecto. Para cambiar y mejorar lo primero que hay que hacer es aceptar la realidad ¿y qué mejor que comprometerse y acompañarse para cambiarla juntos?


7- Las medias son para los pies

Desde que la mujer comenzó a tomar terreno en el mercado laboral, hay muchísimas opiniones e incluso libros que hablan sobre cómo dividir la responsabilidad económica de la pareja y el hogar. Todos intentan responder preguntas como ¿es mejor tener cuentas juntas o separadas? ¿hacemos un fondo común o cada uno administra lo suyo y pone cuando puede? ¿y qué pasa cuando uno se queda sin ingresos?


Lo más justo es planificar juntos y que cada uno aporte al presupuesto mensual de una forma proporcional a sus ganancias. Ir a medias en muchas ocasiones puede resultar perjudicial para una de las partes porque no siempre ambos miembros de la pareja ganan lo mismo, aunque si destinen la misma cantidad de horas y esfuerzo a su trabajo. Ya sea por una cuestión de género (la brecha salarial entre hombres y mujeres en Argentina es del 31% según Wageindicator.org) o por una cuestión de profesión y formación (según el convenio que agrupa la actividad, la mayor o menor demanda laboral de determinados servicios o especialidades, la vulnerabilidad de diferentes industrias a los ciclos económicos, etc).


Además de la diferencia de ingresos, debemos considerar la distribución del trabajo no remunerado (limpieza y mantenimiento del hogar, alimentación, etc) y cómo eso también influye en el tiempo productivo o de ocio de cada miembro de la relación.


8- Planificar para lo mejor, estar listos para lo peor

Aunque cuando uno se enamora apuesta todas sus energías a proyectar lo mejor para ambos, las estadísticas demuestran que no siempre funciona. Las rupturas, separaciones, el divorcio o la viudez pueden ser situaciones bastante difíciles no sólo para el corazón, sino también para el bolsillo. Poner en claro qué pasaría ante la disolución del vínculo o la pérdida de uno de sus miembros es también una forma de cuidarse y respetarse mutuamente.


Lo ideal es charlar estas cuestiones y tomar decisiones cuando están bien en la relación y en buen estado de salud porque si los vínculos se tensan o alguno enferma, la capacidad de decisión se ve muy afectada por los sentimientos que acompañan estas situaciones. Aunque no suene muy lindo, es un buen paso charlar sobre la división de activos, responsabilidades en común, mudanza, tenencia y sostén de los hijos si los hubiera, testamentos, beneficiarios de seguros de vida, etc.


* Curiosa, trabajadora y viajera; a mis tempranos 20 años me dí cuenta que los recursos económicos con los que contamos determinan gran parte de las decisiones que podemos tomar en nuestra vida.


Diversas experiencias laborales con CEOs, Gerentes y Presidentes de empresas multinacionales y locales me permitieron ganar una comprensión global y nacional de la economía pero, gracias a mi profundo interés en las ciencias sociales, pude percibir grandes diferencias entre cómo se administra el dinero de una empresa y el de una persona.


En el 2013 decidí crear esta web para ayudar a empleados, profesionales independientes y emprendedores a comprender cómo los hábitos, costumbres y malas decisiones con su dinero pueden afectar su calidad de vida.

 
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