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Los argentinos no votan ideologías, votan shocks de consumo PDF Imprimir E-Mail
jueves, 26 de octubre de 2017

Cambiemos gana elecciones pero a costa de no bajar tanto la inflación

Cuando se arranca de tan abajo, ser mediocre resulta una alternativa muy rentable desde lo político. Quizá el kirchnerismo recién ahora comprenda que el formidable desastre económico que nos dejó se convirtió en el gran aliado de Macri. Es que le da contraste, un contraste tan inaceptable que convierte a la mediocridad actual en un estadio sumamente mejor.

Germán Fermo *





Parecería que el grupo más cercano al presidente tiene una vocación keynesiana en la que fomenta su principal objetivo: expandir muy fuerte a la economía y ganar - de esta forma - las elecciones del 2019.


Bajo este marco de objetivos, si la velocidad de la desinflación termina siendo una víctima del fin principal, el “fortalecimiento político”, no parecería que les importe demasiado.


La mesa chica de Cambiemos ha ganado la primera gran elección nacional. Y caballo que gana no se cambia.


Una inconsistencia de 70 años

Existe una fuerte inconsistencia entre la política fiscal sumamente expansiva diseñada desde el Ministerio de Hacienda y una política monetaria que intenta ser restrictiva con una sola herramienta: la tasa de interés.


Con esta sola alternativa, el BCRA intenta hacer frente a cuatro ondas muy expansivas que ralentizan el proceso de desinflación, todas con una raíz común: endeudamiento externo.


• Primero, resulta evidente observar el plan expansivo de obra pública que se viene ejecutando.


• Segundo, se sigue estimulando al consumo.


• Tercero, se observa una estrategia de expansión significativa de crédito hipotecario, alimentando aún más el rebote económico que venimos observando.


• Cuarto, los agregados monetarios se vienen expandiendo por encima del 25%.


Quizá ahora se entienda mejor la lentitud de la desinflación que se viene observando recientemente: con la tasa de interés se intenta contrarrestar estos cuatro frentes sustancialmente expansivos.


Pretender rebotar al 4% por varios años y desinflar al mismo tiempo aceleradamente parecería ser un objetivo virtualmente imposible.


En este entorno de reformas pendientes, la desinflación como todo lo demás, será probablemente gradual. A esto habría que sumarle un muy probable ajuste de tarifas de cara al último trimestre del año.


Populismo blando

El populismo blando está dando formidables resultados políticos. Además, para una sociedad sumamente mediocre en la lectura de la coyuntura e imaginación de la dinámica futura, la ralentización del proceso de desinflación parecería tener un muy bajo costo político.


La buena noticia de todo esto es que al menos nos estamos sincerando: seremos gradualmente mediocres en todos los frentes, incorporando al club ahora, a la velocidad de la desinflación.


Espero que el sendero final de este país pueda resumirse en tres estados: delirio K, mediocridad actual M y un camino final hacia algo diferente y superador de lo que hoy tenemos. Dudo que ocurra, pero me permito - por el momento - esta esperanza.


Lamentablemente, los argentinos no votan ideologías, sólo votan shocks de consumo. El que te dé la próxima licuadora gana las elecciones y, en este caso, el proveedor de dicho electrodoméstico es nuestro actual presidente.


Mucho argento que hoy vota a Macri ayer votó K. Semejante salto de un extremo al otro sólo se explica si aceptamos una formidable confusión e incoherencia mental: el partido lo define el empleo y el consumo. Y esta circunstancia nos torna en eternamente subdesarrollados.


Tres licuadoras

Comprender por qué el BCRA errará su meta del 2017, como probablemente la del 2018 y la del 2019 es fácil: implica simplemente reconocer que el oficialismo prioriza el fortalecimiento político por sobre todo objetivo de política económica.


Quizá sea lo que la sociedad argentina tolera y acepta. Lamentablemente, esta restricción social no sería neutral para la credibilidad de un BCRA que se postula como el único bastión ortodoxo del gobierno. Errar la meta per sé, no es dramático. De hecho, ocurre a muchos otros bancos centrales.


De esta forma, la potencial pérdida de credibilidad a la que aludo no es responsabilidad directa de lo mejor que tenemos, el equipo monetario del BCRA, sino de un gobierno con débil vocación hacia la corrección fiscal y decididamente comprometido en ganar las elecciones a fuerza de populismo.


La consolidación política resulta en un gobierno concentrado en la provisión de populismo blando con un fuerte sesgo keynesiano apalancado en endeudamiento externo. En esta coyuntura, el BCRA queda sólo en su batalla antiinflacionaria.


El carry-trade mantiene su vigencia

En la Argentina de la expansión económica que estamos observando, parecería que, trascendiendo a las Lebacs, los bonos a tasa fija quedaron caros y no descuentan un sendero de desinflación que probablemente será más lento del que se esperaba.


Una cosa era desinflar en recesión. Otra - aparentemente muy distinta - es hacerlo en el contexto de expansión económica como el que estamos observando desde agosto de este año. En esta coyuntura, el carry trade de las Lebacs parecería mantenerse en suma vigencia: se acercan varios años de tasas altas para una Argentina en donde la desinflación rápida parecería quedar relegada como un objetivo de menor rango.


El fortalecimiento político y la expansión económica parecerían ser las principales prioridades del gobierno. Quedarse posicionado en Lebacs cortas, se vislumbra como una estrategia simple y sumamente rentable todavía.


* Para CONTRAECONOMÍA

 
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