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Estados Unidos o Francia: ¿Cuál es peor? PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 19 de julio de 2017

Macron y Trump pelean por quedarse con el premio a la mayor frustración del año.

La pregunta debe ser puesta en contexto. Nos invitaron a cenar con unos agricultores la otra noche. Jean-Yves y Arlette viven en una casa modesta en una ciudad vecina. Un lugar eficiente y cómodo construido hace 25 años.

Le agregaron una nueva sala en el fondo. Allí fue donde comimos. Arlette se encarga de una explotación de lácteos heredada de sus padres. Jean-Yves se dedica al ganado y a los cereales.

Bill Bonner *





El fraude francés

“Ustedes tienen a Trump, pero nosotros a Macron”, dijo Jean-Yves.


Probablemente Francia gane en esa comparación. Macron es joven, inteligente y apuesto.


“Sí, pero es un fraude”, me explicó Jean-Yves. “Dice que va a cambiar las cosas, pero es igual al resto. Además, no creo que pueda cambiar las cosas incluso si quisiera hacerlo”.


Por años he analizado a diferentes figuras públicas. No puedo recordar una a la que no haya considerado un fraude al menos en algún aspecto particular. Y, hasta el momento, no creo haberme equivocado sobre ninguno de ellos.


El presidente de Francia, Emmanuel Macron no es ni de cerca un “outsider” o un rebelde. Se graduó de la elitista École Nationale d’Administration. Y fue el ministro de finanzas bajo el presidente anterior. Pero es tan atrincherada e inflexible la burocracia francesa – el estado profundo francés - que se requeriría una personalidad verdaderamente explosiva para cambiarla. El señor Macron no es ese tipo de persona.


Necesitaba una persona para que trabajara en mi jardín”, me explicó mi mujer, Elizabeth.


Entonces llamé a una persona que tenía una empresa de mantenimiento de parques. Me dijo que cortaría mi césped, pero que no podría talar los árboles porque eso implicaría una subcontratación. Y hacer eso haría que sus ingresos pasaran el límite de lo permitido


“¿Querés decir que no se le permite ganar más dinero?”, le pregunté.


Exacto. Si genera más ingresos, se le exige que reorganice su negocio y, aparentemente, eso es una verdadera pesadilla. Hay gente en París que pasa su tiempo pensando cómo dificultarle la vida a la gente que quiere tener un negocio


“¿Pesadilla?” interrumpió Jean-Yves.


Ser agricultor es una pesadilla en Francia. Trabajamos siete días a la semana… porque no podemos conseguir a nadie que nos ayude. O, más específicamente, no nos animamos a contratar a nadie. Es que si uno contrata a alguien, es casi imposible despedirlo


Peor aún”, dijo Arlette. “Nuestra actividad es tan difícil… con tantas directivas del gobierno – de burócratas que jamás vieron una vaca- que los jóvenes no quieren trabajar de esto. No los culpo, sé lo que sucederá.”


Esto también pasará

En Francia la mitad de la población trabaja duro mientras que la otra mitad intenta frenarlos.

Pero la típica familia francesa es mucho más prudente que la familia promedio estadounidense. Ha visto a los gobiernos llegar e irse.


La Tercera República cayó en 1940. La Cuarta en 1958. La Quinta República probablemente caerá en la próxima crisis financiera.


La moneda francesa también viene y se va.


Cuando visité el país por primera vez, recientemente había reemplazado al viejo franco por el nuevo franco. “Ese pedazo de pan son 500 francos”, te diría un panadero.


En el año 2000, los franceses dejaron el franco para sumarse al euro.


Los franceses saben algo que los norteamericanos no: esto también pasará. Los ha hecho precavidos. El consumo, especialmente el de lujo, no es algo que se aprecie aquí tanto como en Estados Unidos. Hay shoppings más pequeños. Hay menos formas de gastar el dinero. Y hay menos crédito.


El gobierno es casi tan insolvente como el de los Estados Unidos. Pero las familias, en promedio, están menos endeudadas.


Francia tiene, además, otra gran ventaja. Puede que tenga un enorme y costoso estado benefactor, pero solo tiene un pequeño estado bélico. El poder militar de Francia todavía irrumpe en la arena internacional, pero solo a una escala reducida.


La magnitud de la intervención norteamericana, por el otro lado, es colosal. El costo anual de estas guerras, gasto público, ayuda internacional, está en el billón de dólares y creciendo.


Esto decía Trump acerca de por qué Vladimir Putin probablemente favorecería a Hillary Clinton en las elecciones de 2016:


Es algo de lo que no quieres hablar mucho, pero de nuevo somos el país más poderoso del mundo, y nos estamos volviendo mucho más poderosos gracias a que yo soy un gran admirador de las fuerzas armadas”.


El gasto de suma cero

Cualquier gasto militar que no sea necesario para defender el país es un despilfarro... en el mejor de los casos.


Dado que los Estados Unidos no enfrentan a ningún enemigo serio, la mayoría de su emporio presupuestario de seguridad no contribuye en nada ni a la prosperidad ni a la seguridad.


Es un gasto donde unos ganan y otros pierden. El dinero fluye desde el bolsillo de la gente común al bolsillo de los ricos y poderosos. Los miembros del estado profundo festejan, o tal vez ni siquiera.


Es una pena que el presidente no lea historia. Al menos pondría un manto de ironía a su frase sobre su admiración de las fuerzas armadas.


Sabría que todos los admiradores de los militares en el pasado, desde Napoleón Bonaparte a Tojo, fueron una vergüenza para su país o un desastre. Y, a menudo, ambas cosas.


El exceso de gasto militar casi siempre lleva al aventurismo, la guerra y la catástrofe.


Francia, Estados Unidos… ¿cuál es peor? Difícil decirlo.


* Para CONTRAECONOMÍA - POITOU, FRANCIA - 18 de julio de 2017

 
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